Gato
Otro día allí, en ese abismo en que me
dejaste; podría decir que se ha vuelto cómodo, las rústicas y altas paredes que
me encierran puedo verlas como si fuese el más fino material, el frío y la
oscuridad son cálidos si lo ves desde otro punto de vista. A veces antes de
dormir pienso en ti, no de una mala manera, sólo te pienso a mi lado,
acariciando mis mejillas, tomando mis manos entre las tuyas, dejando que mi
cabello se pierda en tus dedos; eso sin duda me ayudaba a dormir apaciblemente.
A veces despertaba sumida en un mar de fuego, hasta la más pura gota de ilusión
se volvía cenizas, dolía, sí, pero poco a poco yo iba consumiéndome al mismo
tiempo. Me abrasé hasta que cada célula no fue más que polvo, hasta que cada
emoción perdía su brillo. Repetía los momentos contigo una y otra, y otra, y
otra vez, no por cuestión de masoquismo, yo quería olvidar y es más fácil
hacerlo cuando deja de ser tan especial, tan de “una sola vez”. Los minutos
parecían eternos, quizás lo eran, quizás no, era difícil saber. Me acostumbre
al dolor inmenso de no tenerte así cada vez fuese más fuerte, así cada vez me
rompiera los huesos, era lo único que tenía de ti ahora: dolor.
Fue
difícil, no hay duda, pero finalmente morí, me convertí en nada, mis restos se
los llevó el viento un par de veces esa fría madrugada… pero finalmente me fui.
No hay peor agonía que una por amor. Morí, una vez más, pero como una vez más,
resucité. No diré que más fuerte, no diré que más sensible, sólo volví, con
sentimientos nuevos, con un corazón ahora con una cicatriz más; volví, sin
miedo a la muerte. No sé cuántas vidas me quedan, sólo que he muerto lo
suficiente como para vivir mucho mejor esta vez.
Me gusta mucho leerte de nuevo. Me ha encantado este escrito, como muchos otros tuyos por supuesto.
ResponderEliminarQué linda, siempre tú siendo un amor, gracias por tomarte el tiempo de leerme. Besos.
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