Entre suspiros
Recuerdos de noches enteras, de días enteros, de sentimiento enteros, de besos tan cortos que aún pienso en ellos antes de dormir para así culminarlos. El agua fluía como de costumbre, por el arroyo que pasaba justo al lado izquierdo de nuestra casa en la colina; fluía y fluía, y yo sólo la veía fluir muriendo de envidia por no poder hacer lo mismo con mis sentimientos ahogados. “Déjalo ir”, solía ser mi mantra cada noche, ¿pero cómo te deshaces de aquello que se llevó una pieza de tu corazón? ¿Cómo haces para que vuelva a ser como antes, si obviamente, ya su forma no es la misma? Sólo suspiraba, intentando que así se fuera lo que quedó de aquel amor; que entre suspiros se vaya el último respiro de un amor sin aliento.
Si pudiese compararme con algo, sería con un globo. Atada y con los sentimientos tan revueltos que estaba a punto de estallar. Sólo me quedaba soltarlo por instantes, entre lágrimas y suspiros que aliviaban el dolor que su ausencia me había dejado, que cicatrizaban la herida de un corazón roto y que me curaban de sentir de nuevo la clase de dolor a la que me había abandonado.
El frío de la soledad me arropaba, el silencio me susurraba al oído frases de amor, y el amor… el amor sólo me hacía llorar. Las luces que veía no eran más que borrosas luciérnagas iluminando la oscuridad en que me encontraba, luciérnagas que estaban muy lejos, tan lejos que seguramente podrían haberle estado haciendo compañía a quien se marchó sin mirar atrás. Los recuerdos no eran más que imágenes robadas y almacenadas en una caja bajo mis cuadernos y libros viejos. El sentimiento era un gas, y yo era una botella con fugas.
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