¿Dónde has estado?

      
      Con la duda dando vueltas sobre lo que parece mi aureola, sentado en la mecedora donde mi abuelito me consentía, escucho a lo lejos esa puerta que se mueve, lo peor, no hay flujo de aire, ni de personas, ni de animales, en esta casa que ahora es inmensamente grande, vivo. Vivo entre 4 paredes desgarradas de tristeza, la felicidad corre por la puerta como la sangre en el río. Ella ya no está aquí, antes todo encajaba a la perfección en los cuartos, en la sala, hasta en la cocina donde solíamos cocinar a espaldas pero riéndonos de cada uno; pero todo pasa. Me consigo acostado balbuceando unas palabras vagas como: “Ay mujer, ¿dónde te has metido?”. No te negaré que no te extraño, sería un descaro de mi parte. Lo que si no extraño son tus cafés aguados que solías darme cuando estabas disgustada conmigo, cuando llorabas y yo no sabía, cuando te escondías...


      “Oh mon amour où avez-vous été?”

      Mientras qué, en un lugar bastante lejos de allí...

      He llegado en un momento en el que he llegado a dudar de tu amor, de lo que dijiste alguna vez, de lo que pudiste haber sentido ¿Sabes? Y me siento idiota, ¡Idiota! Y no eres más que la razón. El motivo de mi ¿idiotismo? ¿Idiotividad? ¡Bah! Ya ni sé que digo. Solo sé que me hiciste feliz y ahora te cobras con intereses todo lo que brindaste como si fuera una pensión. -¡¡AAAAH!!, pobre tonta que fui- Dije, al salir del baño, con algunas lágrimas en los ojos y fingiendo que hablo contigo, cuando en realidad mi reflejo se cansa de escuchar el tonto e idéntico discurso cada que la depresión me invade. ¿Bastante perdedor, no? Un resumen pequeño de mi vida. Una tonta cuarentona sufriendo por amores del pasado. Me da pena ajena diciéndolo así. Me doy pena. Qué hilarante.

      Pero ya saliendo del tema, ¿Él pensará en mí? Digo, ese viejo gruñón será que piensa de la misma manera en que yo. Buscando motivo para odiarle. Hablándose así mismo de la idiota que no lo logra olvidar. Seguro se burlara. Ya estamos viejos y no logramos ser lo suficientemente maduros, para hablar, vernos o tomarnos un café como lo hacíamos de jóvenes.

      Mientras mordiendo mis uñas me siento en la cama y busco no pensarle mientras le pienso pensándome. Aunque solo en mi mente eso ocurra. ¿Qué tan probable puede ser que el haga lo mismo que yo?

      "Tan solo quisiera saber si tú..."

      Dije, cerrando la puerta, mordiendo ahora mis labios y llevando mi ondulado, ya un poco marchitado por los años, cabello tras mi oreja, mientras que, en otro lado del mundo él de seguro está durmiendo tranquilamente sin siquiera recordarme.

      El olvido parecía no llegar nunca. Y aunque el silencio me consumía sabía que debía seguir. La vida no se detiene por un amor que solo coincidió en mi vida pero ¿por qué era tan difícil? ¿Por qué el dolor parecía ser mayor cada vez? ¿Qué era lo que no me dejaba avanzar?

      Frente al espejo peinaba mi cabello, algo corto.

      Hacía más de un año que no lo cortaba pero es que era algo "personal", por así decirlo. Cortar mi cabello cuando la depresión era más fuerte que todo y así "crecer" junto a él, pues mi cabello es mi vida.

      Me puse un vestido color celeste y maquillaje liviano; pues quería sentirme linda de nuevo, quería ocultar las lágrimas, quería hacerle creer el mundo y a mi misma que la felicidad triunfa a pesar de todo...

      "¿Cómo que viejo refunfuñón?, ¡si yo era joven!" me refutaba cuando me acordaba que ella me decía así, me molestaba y esa aureola desaparecía, ya no era la misma, estaba desgastado pero más que eso, decepcionado, ¿Qué habría hecho mal? No lo sé supongo que algo o quizás hasta fuimos ambos, algo poco tiempo, me abandone, de mi casa, de mi alma, de mi cuerpo, de mi, hasta el punto en que ya ni sabía quién era yo. Me acuesto en mi cama y dejo ese lado donde acompañabas las noches que no me mandabas a dormir en el sofá o con el perro, y con esos recuerdos vagos, llenos de alegría y ternura, he descubierto que te amo, que te tengo pensando siempre, dentro de mí.


                                                                   Con la ayuda de mi amigo Diego, gracias.

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