Sin nombre
Se
suponía que iniciaría mi pequeño “viaje”. En realidad era solo
un paseo para que mi madre y yo nos llevásemos un poco mejor. Plan
de mi padre. No está mal, pero no le aseguro ese final que espera.
En
el automóvil ellos discutían, ¡cuánto odiaba eso! solo busqué
mis audífonos e hice como si nada. Junto a la ventana veía la
lluvia caer, hermosa. Sonaba “1901 – Birdy” y mi alma voló por
un instante. Cerré los ojos y me dejé llevar por la canción, por
la sensación del movimiento del auto, por el frío, por los momentos
que debía olvidar que daban razón al viaje, por los motivos por los
cuales debíamos perdonarnos, por todo... solo dejé...
Abrí
de pronto los ojos, pues la canción llegaba a su fin. Ya no llovía.
Podía observar colinas. Hermosas colinas llenas de arbustos, de
flores. El cielo estaba radiante, no habían siquiera rastros de la
lluvia que acababa de ver. No había nada.
El
auto se detuvo, dejé todo allí y me dispuse a caminar la colina. Si
la paz pudiese respirarse en algún remoto lugar de la tierra sería
en aquel lugar sin nombre. Caminé y caminé, no estaba cansada.
Caminé más y más, y allí estaba, justo en la cima. Podía ver las
flores de lugares, que supongo, estaban muy lejos, podía ver un
pequeño arroyo, y también podía ver como todo daba vueltas de
repente. Decidí sentarme y de un momento a otro me acosté. La
hierba estaba seca y el clima entre cálido y frío. Fijé mi vista
al cielo. Solo nubes, nubes que pasaban, nubes con formas, nubes
queriendo ser algo. Pensé en mi, en mamá y lo tierna que es en
ocasiones; en papá, y su intento de hacernos feliz pase lo que pase,
de mi hermana mayor, que partió hace mucho, y en mi, nuevamente en
mi. No sentía de alguna manera tristeza, dolor, ira, rencor. Solo
paz. Paz con todos, paz conmigo misma. Mi alma estaba tranquila.
Luego
de unos cuantos minutos pensé en mis padres ¿dónde estaban? Fui
hacia donde estaba el auto estacionado y, nada. Todo comenzó a
tornarse oscuro, hacía mucho mas frío y empezaba a sentirme más
sola que de costumbre. Quería llorar. Me senté en el suelo y
abrazándome a mis rodillas lloré; lloré como nunca había llorado.
No quería abrir los ojos, tenía miedo. ¿Cómo es que todo puede
dar un giro así? ¿cómo es que todo cambia tan de repente? ¿cómo
es que sentía que caía a un abismo sin fondo cuando estaba sobre
una nube hace unos segundos? Seguía llorando... pero una voz... su
voz... sólo decía “no tengas miedo, abre los ojos. Confía en mi,
estarás bien”. ¿Cómo es que...?
No
quería ¿que habría frente a mí al abrir los ojos? Estaba
aterrada. Dudé, pero a pesar de todo confié...como siempre.
Todo
había cambiado, no estaba en la pradera, no era de día, tampoco
estaba sola. Yacía sobre el suelo, y débilmente pude distinguir a
los paramédicos que estaban atendiéndome, volteé lentamente a la
derecha y vi a los que atendían a mamá, a papá, vi el auto de
cabeza justo a la izquierda. Me dolía la cabeza fuertemente, el
cuerpo un poco y la vista me ardía, pero no podía dejar de pensar
en ese lugar.
¿Era acaso la prueba de que la perfección
existe cuando no estás consciente de la realidad?
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